| ©Natalia Molinos Navarro |
Uno se engaña a si mismo…, es la luz de la disco, ella está que arde… Vamos
que la cosa prometía y ya me veía yo contra la puerta del baño de mujeres
disfrutando de lo lindo. Pero no. Es que a mi estas cosas no se me dan bien,
¡pero si yo no ligo nunca a la primera! –que me lo tenía que haber visto
venir…- Y ahora estoy aquí condenado a ser el vampiro más tonto de la historia,
porque ella me mordió -¡vaya si me mordió! La mar de a gusto, pero el resultado
no fue el esperado ¡qué sólo me salió un colmillo, oiga! ¿y ahora yo que hago?
¿a quién reclamo? Porque la tetona desapareció de mi vista en cuanto tuvo lo suyo
–todas son iguales- y ahora me quedó yo con un colmillo fuera que parezco un
lelo…
Ya he intentado morder a varias, pero se cachondean… y cuando por la
noche pillo a alguna despistada detrás de una esquina, la marca no es la buena,
no quedan los dos boquetillos de rigor, la marca del vampiro auténtico:
Punto
1.- no sorbo todo lo que debería, con lo que estoy un poco famélico y encima
tengo que salir a buscar más materia prima,
Punto 2.- no convierto a nadie,
porque la cosa no da solo con un colmillo, así que ni cohorte de beldades
aleteantes ni ná de ná y,
3º y más importante: ¡No tengo glamour! Y eso es
básico para un vampiro… Por mucho que miro la tele a ver si se me pega algo de
los que salen en las películas y las series, yo soy de Móstoles, y a mucha honra, y no consigo tener el look apropiado. Colmillo, he intentado ponerme uno
postizo, pero se me queda pegado al cuello de la víctima y encima después se ríe…
Me han hablado de un buen dentista estético, a ver si le pillo una de estas
noches y consigo hacer un arreglo…
A ver cómo va esto…