| ©Natalia Molinos Navarro |
Otra vez noche cerrada y yo sin comerme
una rosca, no quiero quedar con el Javi porque está la mar de orondo y me van a
dar ganas de pegarle un buen mordiscacho. Además, con él no se liga nada. Está muy
bien para contarle tus cosas –bueno las de antes que de las de vampiro todavía no
me atrevo a decirle nada- y para irte a tomar unas birritas, pero para
agenciarse uno unas pibitas, como que no… Para eso es mejor el Paco, las tipas se
le pegan como moscas a la miel, pero es tan guaperas que te deja a dos velas.
Ya me ha pasado un par de veces… él con una y yo con otra y al final me quedo
con un palmo de narices y ellos acaban los tres enredados… Yo creía que siendo
vampiro la cosa se me arreglaría un poco, pero no, hay que currárselo como
siempre…
Del trabajo no digo nada. No me han
contestado aún. Yo creo que no les gusté mucho. Es que, me miraban mucho el
colmillo, y, al final, me molestó un poco y quise marcharme deprisa. Entonces se me ocurrió
probar si podía convertirme en murciélago -como en las pelis- así que empecé a encoger los hombros
y hacer movimientos para intentar echar a volar… Nada, ni un palmo del suelo. Pero es que, encima, los de la entrevista se creyeron que me estaba atragantando
con algo y me empezaron a dar una de golpes… La verdad, que aunque me llamen yo
no voy,… me parecen unos bestias.