| En marcha en la ciudad, copyright Natalia Molinos Navarro |
¡Tengo trabajo! ¡Por fin! De taxista. Nocturno, claro. Hay horas del día en las que todavía puedo salir a la calle, pero
nunca cuando el sol es muy fuerte. Si llueve o está nublado también puedo
salir, he comprobado que no me daña la piel ni los ojos, pero bueno, es mejor atenerse a lo seguro, y, por la noche no voy a
tener problemas.
Cuando fui a la entrevista noté que la secretaria y mi jefe se sobresaltaban un poco al verme. Me pareció que ya lo tenía todo perdido... Me repasé el pelo -que lo llevo recogido en una coleta- con una mano, por si lo tenía desgreñado, y me estiré bien la camisa y la chaqueta. Como ya os he comentado, desde que soy vampiro no tengo idea de mi aspecto, porque no me puedo mirar en los espejos. Hasta ahora nunca me había preocupado por estas cosas, pero ahora que no me puedo ver, me siento bastante frustrado. Tengo que pensar como puedo solucionar esto... Por si acaso, plancho bien toda mi ropa y me ducho a menudo para no dar mala impresión.
Bueno, sigo. Mi, -ahora jefe- me hizo sentarme y me observaba atentamente mientras me hacía las preguntitas de rigor. Yo pensaba que no tenía nada que hacer. Contesté bastante despreocupadamente dando el trabajo por perdido. Pero me sorprendió lo que me dijo. Han tenido varios problemas con ataques a algunos conductores, por lo que mi aspecto es perfecto para que nadie se atreva a
hacerme nada y mucho menos atracarme. Bueno, pues nada, que me contrató ahí mismo. Me sacaron los papeles, los firmé y se los pasé a la secretaria, que evitó mirarme a los ojos. No se si le doy miedo o repeluco. En fin. No es mi tipo para nada. Aunque es verdad que puede que antes de ser vampiro me hubiese fijado en ella. Es alta, rubia, delgada, con ropa ajustada y taconazos. Pero ahora como que no. Parece que me van más otro tipo... Me doy cuenta de que me atraen más por cierto olor a carne fresca. A veces morenas, a veces rubias,... pero sobretodo de aspecto sanote, y si tienen venas bien visibles, mejor. Vamos, para echarles el diente...
Bueno, pues eso. Que tengo trabajo. Ahora ya no estoy sin saber que hacer y me entra algo de dinero al bolsillo. Recorro Madrid de punta a punta y descubro sitios que desconocía. Pero, de todas formas el trabajo me está resultando la
mar de aburrido, casi todas las veces que atiendo un cliente se queda mudo al
entrar al coche, incluso si les doy charla contestan con monosílabos… Esta
semana sólo entró una noche un borracho que no paraba de decir tonterías, pero
después de varias veces preguntarme porqué no me podía ver por el retrovisor - mientras yo me hacía el loco- se
quedó en un profundo silencio. Cuando bajó del taxi estaba callado y parecía la
mar de deprimido… pa’ mí que ese no prueba una gota más de alcohol en lo que le
queda de vida…
No hay comentarios:
Publicar un comentario